El pasado 30 de octubre se llevó a cabo la presentación del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología 2001-2006 ante los representantes de la comunidad científica y tecnológica de nuestro país.
Para nadie es un secreto el papel estratégico que guarda el desarrollo de la ciencia y la tecnología para México. Es evidente que existe un enorme rezago en muchos de los factores que inciden en esta tarea: financiamiento, legislación y hasta el mismo quehacer de nuestra comunidad científica y tecnológica deben ser revisados. Parafraseando a Bertrand Russell: “la ciencia, desde el tiempo de los Árabes, ha tenido dos funciones: posibilitarnos para conocer la cosas y posibilitarnos para hacer cosas”.
Revisando con detenimiento el plan propuesto, emociona el que desde ya, una de las estrategias fundamentales sea la de disponer de una política de estado en materia de ciencia y tecnología, en la que se establezcan líneas estratégicas para incrementar la capacidad científica y tecnológica del país. Finalmente, el desarrollo de la ciencia y la tecnología para nuestro México empieza a cobrar la importancia que realmente tiene.
Durante la presentación del citado Plan, nuestro Presidente habló y con toda seguridad emocionó a los que estaban ahí. Frases como “en una nación con las carencias y a la vez con el potencial de México, la ciencia y la tecnología son asuntos de importancia altamente estratégica”, fueron con toda certeza recibidas con beneplácito. Se habló de construir una política de estado para la ciencia y la tecnología. Se dijo también que se reformaría la ley para el fomento de la investigación científica y tecnológica. Se reconoció la importancia de reorganizar al CONACYT y reformar su ley orgánica y se afirmó “A pesar de que disponemos de un presupuesto austero y restringido, hay que aumentar el gasto destinado a estas actividades”.
Sin embargo, para mala fortuna del país, el 16 de noviembre notamos con gran tristeza que el rubro de ciencia y tecnología dentro del presupuesto para el año 2002 recibirá una menor inversión federal que la implementada durante el ejercicio 2001. Nos parece a todas luces incongruente esta disminución del presupuesto en aras de lograr las estrategias anteriormente planteadas. Para el año de 2001 el gasto federal en ciencia y tecnología ascendió a 22, 171 millones de pesos, mientras que para el presupuesto 2002 se prevén tan solo 21,936 millones de pesos. Es evidente, que la meta de lograr destinar el 1% del PIB a este sector con medidas como las anteriores difícilmente se alcanzará. Incluso de aprobarse el presupuesto tal y como el Ejecutivo lo presentó, el Gasto Federal en Ciencia y Tecnología sería menor que los 22,923 millones de pesos que se designaron para el mismo rubro en el año 2000.
Y más contradictorio resulta aún que días después, el 19 de noviembre, el Subsecretario de Economía, Sr. Gustavo Saavedra Ordorika, declare durante el marco del Décimo Foro de la AMECE que resulta urgente aumentar la inversión en investigación y desarrollo.
Como podemos observar al menos en la parte de recursos federales para la ciencia y la tecnología el plan y el dicho de nuestro Presidente han quedado solo en palabras.
También es cierto que en el Congreso es posible revertir este fenómeno. Es muy importante que nuestros legisladores comprendan que el futuro de este país es inconcebible si no se privilegian rubros tan importantes como son la educación y la ciencia y la tecnología. Mucho se ha hablado de que las tecnologías de información pueden ser un importante diferenciador para naciones emergentes, como la nuestra, para acortar la brecha de desigualdad existente. Sin embargo, en un contexto como el anteriormente planteado el panorama es desolador. Quizás nuestro planteamiento inicial de que para todos es evidente la importancia estratégica de la ciencia y la tecnología no sea tan cierto. Pero aquellos que así lo valoramos debemos hacerlo saber por los diferentes medios que tengamos a nuestra disposición.
Es tarea de todos, de la comunidad científica, del ejecutivo, del legislativo y de la sociedad civil, hacer de la ciencia y la tecnología un rubro estratégico para la nación.
La comunidad científica tiene en este proceso un papel muy importante, desarrollar la ciencia y tecnología para el beneficio del país requiere, desde nuestro punto de vista, una amplia reflexión sobre lo que el país necesita. Mecanismos para fomentar la formación y la permanencia de científicos en el país es también un problema fundamental. Y aunque el plan contempla posibles alternativas, todos quisiéramos que el plan se convierta en una realidad.
En estos tiempos en los que la opinión pública se ha abocado a hacer una reflexión acerca del primer año del Gobierno del Cambio y que se discute todavía la tan traída y llevada reforma económica, nos ha parecido oportuno reflexionar sobre el papel que debe jugar la ciencia y la tecnología en nuestro país; desafortunadamente pareciera que en este como en muchos otros rubros de importancia nacional, de lo que se dice a lo que se hace hay una enorme distancia.
Finalmente, el 3 de diciembre nuestro presidente concluyó su mensaje a la nación con motivo de un año del Gobierno del Cambio con la frase “el futuro sigue siendo nuestro”.... nosotros le respondemos que también queremos ser dueños de nuestro presente.