Los acontecimientos ocurridos el pasado 11 de septiembre en dos de las ciudades más importantes de nuestro vecino del norte han venido a complicar la de por sí ya crítica situación de nuestra economía.
Dudar que desde antes de esta fecha el panorama ya resultaba adverso, sobre todo para las PYMES, resultaría estar fuera de la realidad. Un hecho que nos pone a pensar acerca de la apreciación que sobre la misma situación tienen aquellos en quienes recae la responsabilidad de generar las políticas que propicien una pronta recuperación de la economía son declaraciones como la efectuada por el Sr. Juan Bueno Torio, Subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa de la Secretaría de Economía, en la que rechaza que se esté atravesando por una situación de alarma, puesto que la inflación está controlada y el tipo de cambio se mantiene fuerte; como cereza en el pastel, Bueno Torio invocó a la Reforma Fiscal como salida mágica del Gobierno del Presidente Vicente Fox.
Los que afrontamos día a día una economía contraída, y por tanto conocemos la dimensión de la crisis que atraviesa la pequeña y mediana industria, estamos convencidos de que se requiere un decidido apoyo gubernamental que genere oportunidades encaminadas a fortalecer a este importante segmento de nuestra economía utilizando para ello fórmulas innovadoras.
De ahí la importancia de que el gobierno impulse políticas viables de desarrollo de Tecnologías de la Información (TI). La creación de políticas públicas que incentiven el uso y el desarrollo de las TI, crear incentivos fiscales para promover la creación de nuevas empresas y contar con verdaderas instituciones de fomento al desarrollo pudieran ser algunos ejemplos de un compromiso real con las PYMES.
La desaceleración mundial que se experimenta en el mercado de las Tecnologías de Información no es pretexto para argumentar un bajo apoyo al desarrollo de las TI. Hay países que han logrado salirse de la tendencia. En España, por ejemplo, las tendencias de inversión en este ámbito se han mantenido en crecimiento gracias a dos factores. El primero tiene que ver con los esfuerzos necesarios para la conversión de todos los sistemas computacionales para el manejo adecuado del Euro (un esfuerzo muy similar al realizado con motivo del fenómeno del Año 2000) y en este contexto, como segundo factor, una legislación que fomenta el desarrollo, uso e inversión en Tecnologías de Información en la Pequeña y Mediana Empresa por medio de estímulos fiscales muy importantes para todos los actores de este “Círculo Virtuoso”.
De esta manera, los usuarios, los vendedores de computadoras, los desarrolladores y en general todos los actores de la industria de TI se han visto beneficiados. “La ley 6/2000 (que es la aplicación del real decreto ley 3/2000) establece una deducción del 10% de la cuota integra de las inversiones y gastos realizados por una pequeña empresa en tecnologías de la información. Su aplicación es muy amplia, porque la ley habla de acceso a Internet y comercio electrónico, con lo cual entra la informática, pero también formación y telecomunicaciones. Abarca además, la entrega gratuita o subvencionada de un ordenador a un empleado para que lo use en su casa. Para el empleado no supone una retribución en especie y, por tanto, no se tiene que declarar en el impuesto a la renta. La empresa puede desgravar una parte del gasto y tiene un empleado más motivado, que además se habitúa a las nuevas tecnologías o trabaja literalmente desde su casa”
De esta forma, el gobierno español ha cubierto dos aspectos fundamentales para los españoles: el desarrollo de los sistemas para afrontar la “compatibilidad euro” y una inmersión de todo el sector empresarial en la cultura del uso de las Tecnologías de Información, aspectos que han permitido que el sector de las TI no haya sufrido una desaceleración tan marcada como en otras partes del mundo... como en México.
Todavía en campaña, el entonces candidato Fox refería la experiencia exitosa de algunos países europeos que habían optado por exentar a las PYMES del pago de impuestos durante los primeros tres años de existencia; como resultado, los nuevos proyectos tienen más oportunidad de consolidarse y a partir del cuarto año empiezan a recuperar estos impuestos. Ya en el gobierno, al parecer el presidente ha olvidado sus promesas. En estos tiempos recesivos, cuando muchas PYMES tienen que optar entre pagar impuestos o sobrevivir, entre pagar impuestos o pagar la nómina, la secretaría de Hacienda prefiere cobrar a toda costa, sin importarle que quizá esta falta de sensibilidad se traduzca sin duda en el cierre de empresas y en más desempleo.
De las instituciones de fomento al desarrollo (la banca de desarrollo, en especial), bastaría decir que están diseñadas para apoyar a quien no lo necesita. Guiadas más por un pensamiento de banca que por uno de fomento al desarrollo, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en México contar con el proyecto de empresa innovador y creativo, con el plan de negocios más sólido y el grupo humano más talentoso y calificado para operarlo, no es suficiente para que alguna de las mal llamadas instituciones de fomento al desarrollo lo patrocine. En primer término, tendrían que esperar tres años para que una institución como Nafinsa, previa autorización de un banco de primer piso, les pudiera dar un crédito. Y, en el colmo de las paradojas, para dar ese préstamo, Nafinsa exigiría pruebas de solvencia económica, es decir, le pediría al solicitante que demostrara que tal crédito no se necesita.
¿Por qué no pensar en fondos de inversión como los de los canadienses? Más que evaluar la solvencia económica de quienes lo solicitan, estos fondos analizan de forma rigurosa la calidad y solidez de los proyectos de nuevas empresas. ¿Por qué no prestar dinero a estas empresas y luego garantizar el regreso de los préstamos, todo a partir de un porcentaje de lo que éstas facturen?
Como podemos apreciar, nos falta mucha imaginación para reactivar nuestra economía. La disyuntiva que se nos presenta consiste en quedarnos a esperar a que se reactive la economía de nuestro vecino del norte o emprender acciones propias. Resulta imperante pensar en mecanismos y fórmulas para fomentar el desarrollo del casi 98% de las empresas de nuestro país, que hoy tratan de sortear toda clase de obstáculos y sobrevivir a la tan evidente crisis económica por la que atraviesa México.