________________ ABRIL 2001

Estrategia de Negocios y TI.

Por Cuitláhuac Osorio y José Moreno

El impacto de la desaceleración de la economía de Estados Unidos y las posibles repercusiones en los distintos mercados latinoamericanos es un tema sobre el cual encontramos opiniones todos los días. Las consecuencias que tendrá dentro de nuestra economía tienen preocupados a muchos empresarios mexicanos que ya desde ahora empiezan a sentir sus efectos, a partir de una disminución sensible en sus ventas de productos y servicios.

¿Cómo dar respuesta a esta preocupación y tratar de minimizar los efectos negativos de este tipo de situaciones, que en la mayoría de los casos no fueron previstas? ¿Cómo estar bien preparados? La respuesta es simple: con estrategia. Como señala Michael Porter, “la experiencia de muchos años demuestra que, más allá de los entornos macroeconómicos, gran parte del éxito de una empresa está en sus propias manos. Esto exige prestar atención a las señales del medio en el que compite”.

Sin una estrategia bien definida, sin tener bien claro hacia dónde y por qué nuestra organización debe dirigirse hacia ese punto, difícilmente podremos lograr nuestros objetivos de negocio, menos aún sobrevivir ante imprevistos que se encuentran fuera de nuestro alcance.

Analicemos, entonces, cómo determinar una estrategia que en realidad represente un diferenciador de la competencia y se traduzca en una ventaja competitiva; que no sólo considere las competencias centrales de la organización, sino también el entorno al que la industria pertenece y que además asegure que las diferentes cadenas de procesos que se realizan en su interior se encuentren alineadas y respondan a la estrategia definida. El fondo de esto consiste en ser diferente y difícilmente imitable, implica por sobre todo saber que debemos ser selectivos en cuanto a los productos y servicios que ofrecemos, pero también tener muy claro lo que no estamos dispuestos a ofrecer a nuestros clientes y concentrarnos en aquellos productos y servicios que nuestras habilidades nos permitan entregarles con un claro diferenciador con respecto a nuestra competencia.

En este escenario, las Tecnologías de Información (TI) pueden jugar un papel relevante para soportar nuestros objetivos y coadyuvar con nuestra estrategia. Pero, ¿cómo no perdernos y lograr que en realidad nuestras inversiones en tecnología contribuyan al logro de nuestra estrategia y que no resulte, como en la mayoría de los casos, un esfuerzo aislado que no camina en el mismo sentido del resto de la organización?

Es aquí donde el tema se enriquece, porque toda vez que sabemos qué estrategia seguir y que hemos identificado un claro diferenciador en ella, hay que ajustar y redefinir procedimientos, replantear políticas y potenciar el efecto de estos cambios apoyándonos en una estrategia de TI que se encuentre alineada con nuestros objetivos estratégicos. De esta manera, las TI adquirirán un papel estratégico e incidirán para crear ventajas competitivas, cambiar la manera en la que la empresa compite, innovar procesos, aumentar la productividad y controles, mejorar la calidad de la información para la toma de decisiones e incrementar el valor que perciben los clientes con respecto de nosotros.

Para lograr alinear los objetivos de Tecnologías de Información y Comunicaciones (TI y C) será necesario traducir la estrategia de la organización en objetivos operacionalmente medibles y cuantificables y a partir de éstos definir los objetivos de TI y C que darán soporte a la estrategia del negocio. Lo anterior facilitará, además, la valoración de las inversiones a realizar en esta materia ya que se podrá conocer con una certeza razonable cómo en términos financieros esas inversiones generarán valor a la organización.

Un factor a considerar para lograr la incorporación exitosa de las TI y C para el logro de nuestros objetivos estratégicos es conseguir que los responsables de las áreas de informática de nuestras organizaciones participen y comprendan la estrategia del negocio y tengan la oportunidad de alinear los objetivos estratégicos de la función informática con los de la organización en su conjunto. En este sentido, debe cambiar la perspectiva que dentro de la mayoría de las organizaciones se tiene de los ejecutivos de ésta área, pasar de meros operadores de las funciones informáticas y ajenos a las definiciones estratégicas de la organización: deberán cambiar su enfoque, ampliar su visión y entender hacia dónde se dirige la organización. Sólo a partir de este cambio comenzarán las aportaciones y la propuesta de soluciones tecnológicas con un sentido estratégico.

Sin conocer el rumbo no llegaremos a nuestro destino. No podrán sobrevivir aquellas organizaciones que no tengan una estrategia, mucho menos cuando, como ahora, se tengan que enfrentar a situaciones cuya solución no está a su alcance. Una estrategia correcta permitirá a las empresas estar mejor preparadas para afrontar fenómenos imprevistos y situaciones cambiantes del mercado y de su entorno. De la misma manera, una estrategia de TI cuyos objetivos se encuentren alineados a la estrategia de Negocios contribuirá de manera significativa al logro de los objetivos estratégicos de la organización.
 
   

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