_______________ Agosto, 2001

La modernización del Padrón Electoral nuevo desafío de las TI

Por Cuitlàhuac Osorio

A diez años de su existencia, vale la pena recordar uno de los proyectos tecnológicos más complejos, grandes y exitosos que se han implantado en nuestro país, me refiero al que sirvió de soporte para el nuevo padrón para votar y posteriormente en 1994, para la creación de la nueva Credencial para Votar con fotografía.

Si analizamos el contexto en el que se dio dicho programa, recordaremos que fue en medio de las condiciones más adversas, muy poca o casi nada de credibilidad en la institución electoral, tiempos extremadamente recortados para la realización del proyecto y una fuerte presión política por construir un instrumento confiable que pudiera remontar muchos años de manipulación y mal uso. Queda claro que este proyecto, como todos los grandes proyectos, además de las tecnologías de información tuvo otros componentes igualmente importantes, sin los cuales habría fracasado, me refiero a los aspectos de estrategia, planeación, operativos de campo, difusión y concertación política, por sólo mencionar algunos.

En su primera etapa, desde el punto de vista tecnológico, el proyecto representó un gran reto. Significó la conformación de una de las bases de datos más grandes del mundo (42.5 millones de registros) y la concepción, diseño y puesta en funcionamiento de un sistema de actualización permanente (SAP) que operara de manera descentralizada, pero que realizara transacciones hacia el centro nacional de cómputo, garantizando la integridad y seguridad de la información. Desde el punto de vista de la infraestructura de cómputo representó licitar y poner en funcionamiento la red de telecomunicaciones, 17 centros regionales de cómputo y el Centro Nacional de Cómputo, en un período de menos de 6 meses. Para arribar a buen puerto, las decisiones de optar por plataformas abiertas y procesadores del tipo RISC, resultaron claves.

La segunda etapa de este macro proyecto consistió en la expedición de 40 millones de credenciales, para lo cual se licitó una solución llave en mano para la producción de la Credencial para Votar con fotografía. Dicha solución comprendía los aspectos de cómputo, la producción de la propia credencial y la solución para la operación de los módulos. Como resultado, de las veinte empresas que compraron bases de licitación, solo Polaroid e IBM presentaron una propuesta de solución. Sin embargo, dado que ninguna de las dos aseguró una solución integral a la problemática planteada, se optó por contratar a las dos empresas e integrar el componente de cómputo de IBM y los de operación del módulo y producción de la credencial de Polaroid. La solución tecnológica de esta etapa tendría que ser compatible con la base de datos ya existente (ORACLE), a partir de la cual se obtendrían los datos variables a ser impresos en un medio de identificación que tendría que demostrar una durabilidad de cuando menos diez años y elementos como código de barras, holograma y trama de seguridad. Además tendría que considerar que a partir de este ejercicio se habría de conformar la base de imágenes respectiva la cual captaría fotografía, huella y firma de los ciudadanos. La restricción de tiempo incrementó el desafío, la tarea tendría que realizarse entre diciembre de 1992 y julio de 1994.

Del éxito del proyecto y de la importancia de las TI como un elemento para soportarlo, hoy nadie puede dudar. El padrón electoral dejó de ser un elemento para impugnar los procesos electorales y si bien es cierto que dado que no se trata de un instrumento duro, es posible que alguna persona de manera dolosa acuda y obtenga dos credenciales o se registre con dos nombres distintos, desde el punto de vista estrictamente electoral, cumple bien su cometido, dado que es muy poco probable que una persona acuda a votar dos veces el mismo día, por lo que el principio de "un voto, un ciudadano", principal objetivo que da pie a este instrumento, se cumple a cabalidad.

A diez años de haberse puesto en funcionamiento, cuando la Credencial para Votar ha trascendido el ámbito puramente electoral, ya que de hecho se ha convertido en el instrumento oficial de identificación, principalmente a partir de la aceptación de los bancos como un medio válido de identificación, el Instituto Federal Electoral está definiendo el camino a seguir para la siguiente década, destacando dentro de éste, la modificación de la manera en que operan los módulos y una credencial que incorpore nuevas tecnologías. Como principales retos enfrenta el hecho de poder mejorar los tiempos de entrega de la credencial, incorporar a la credencial todos aquellos elementos de seguridad que durante este tiempo se han liberado, y reducir los costos para la operación y mantenimiento del Padrón Electoral. En resumen, incorporar todos aquellos elementos tecnológicos que permitan mejorar el modelo de operación actual. La modernización del Registro Federal de Electores representa de nueva cuenta un gran reto, quizá mayor que el de hace diez años. Dentro de un entorno completamente diferente, en un México políticamente más avanzado, pero con condiciones socioeconómicas más deterioradas, el Instituto Federal Electoral tendrá que demostrarle a la sociedad que cuenta con una estrategia bien definida, que tiene rumbo y que no se trata de cambiar por cambiar, que no es el sólo invertir en nuevas tecnologías porque éstas existen y porque con lo que cuenta el Instituto aparenta ser obsoleto, que se trata de un proyecto cuidadosamente conceptuado, con objetivos claros, visión de mediano y largo plazo y que tiene perfectamente identificados los beneficios que representará para los mexicanos.

Frente al Estado mexicano, el IFE tendrá que dejar claro que frente a otras alternativas, incluidas dentro de la misma ley, como es el caso de la Cédula de Identidad, que por cierto México es el único país de Latinoamérica que no cuenta con un instrumento de identificación duro de esta naturaleza, invertir en esta nueva credencial sigue siendo rentable para los mexicanos y que sigue siendo la mejor opción. La experiencia de 1991 y de 1994, más el capital humano resultado de la profesionalización de la institución son un buen augurio para el éxito del proyecto.

Coincido con aquellos especialistas que señalan que aún y cuando nuestra legislación electoral cuenta con una infinidad de restricciones que impiden la incorporación de instrumentos electorales modernos que ya se utilizan en otros países, como es el caso del voto electrónico en centros de votación, su viabilidad técnica tendría que ser considerada desde ahora.

La Institución encargada de la organización de los procesos electorales en nuestro país, soporta gran parte de sus operaciones en el uso de las Tecnologías de Información. Al igual que el resto de las organizaciones requiere de una Estrategia que le permita hacer un uso racional y eficiente de las mismas. Hoy cuando el padrón electoral, principal instrumento para la organización de las elecciones cumple diez años, la modernización del Registro Federal de Electores es el nuevo reto a vencer. La Estrategia en Tecnologías de Información deberá contar con objetivos alineados con los objetivos institucionales, diseñada con una visión de corto, mediano y largo plazo y que considere la posibilidad de su inserción dentro de un marco legal y normativo moderno y que identifique los beneficios, no necesariamente económicos, para todos los mexicanos.

 
   

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