En un artículo de Felipe González escrito el mes de febrero para la revista mexicana Nexos, el exmandatario español afirma que México se encuentra inmerso en un doble proceso de cambio; por un lado un cambio histórico, de organización del pluralismo, de modernización del Estado y de democratización; por otro, un movimiento de modernización, un cambio inducido por una revolución tecnológica sin precedentes, cuyo factor básico es la revolución de la información.
Pero, dentro de este contexto, ¿cuáles son las oportunidades y cuáles son los retos que esto representa para México?
Es necesario dar el paso y utilizar a la Tecnología de la Información (TI) y a las Telecomunicaciones (TC) como un elemento para acercar el desarrollo; crear una sociedad y una economía de la información que refleje nuestras necesidades y nuestra cultura. Ello demanda un gran esfuerzo del gobierno y de nuestros empresarios para superar el rezago que en nuestro país existe en materia tecnológica y de telecomunicaciones.
Es evidente la dimensión que este reto representa, cuando sabemos que más de la mitad de la población del mundo y la de nuestro país viven en pobreza extrema. Sin embargo, es un reto que, desde nuestra perspectiva, se debe afrontar.
Coincidimos con Raúl Trejo Delarbre, especialista en medios de comunicación, en su apreciación de que la información no va a contribuir per se a resolver los problemas del mundo actual, pero es parte de la solución. La información no basta por sí sola para aliviar nuestras carencias. Pero sin ella, no avanzaremos en los remedios necesarios. La carencia de infraestructura tecnológica propicia mayor estancamiento en comparación con el desarrollo del mundo y ese marasmo, a su vez, reproduce el círculo vicioso pobreza-rezagos-premodernidad-pobreza.
Por otro lado, es de llamar la atención el fenómeno que se da en América Latina en donde 50 millones de pequeñas y medianas empresas que generan el 85% del empleo, carecen de tecnología de información. A la luz de esta realidad les resulta casi imposible competir dentro de los nuevos mercados que se transforman cada vez más rápidamente por la globalización. En este sentido se hace imprescindible lograr que estas empresas incorporen las nuevas tecnologías de información y comunicaciones a su operación cotidiana por medio de una estrategia adecuada a sus necesidades y capacidad de inversión en un marco de eficiencia y racionalidad.
Los retos son grandes e implican, entre otros, el desarrollo de una robusta red de comunicaciones, el compromiso de desarrollar estrategias y políticas de tecnologías de información y telecomunicaciones en el ámbito nacional y regional, la expansión de Internet (reduciendo la brecha que existe entre quienes tienen acceso y no), y la formación de recursos humanos calificados.
Mientras que en Estados Unidos 37% de las familias están conectadas a Internet, en México lo está sólo el 4.5%. Esas diferencias no sólo son observables de una país a otro sino dentro de los mismos. Por ejemplo, en Connecticut, un estado de la Unión Americana relativamente rico, más del 40% de las familias están conectadas; en Mississippi, al contrario, sólo el 7% de las familias lo están.
En México, las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) señalan que solo el 9.3% de los mexicanos poseen una computadora, aunque los promedios entre entidades no son tampoco equilibrados debido a los desiguales desarrollos regionales del país. Mientras que el 21.6% de los hogares del Distrito Federal cuentan con equipo informático en estados como Chiapas el porcentaje es menor al 5%. El teléfono, mientras tanto, elemento clave para el desarrollo tecnológico, es apenas accesible al 36% de la población mexicana.
Respecto a Internet, el Nua Internet Surveys informa que en el año 2000 se duplicaron los usuarios mundiales, alcanzando 407 millones, con una concentración de 41% en América del Norte, 26% en el sureste asiático y sólo 4% en América Latina. Otro ejemplo de desigualdad entre desarrollos regionales se ilustra al comparar la tasa de usuarios en Europa, de 28%, con las de África y Medio Oriente, de solo 0.9 y 0.6%, respectivamente.
En el caso de los países subdesarrollados, la estrategia debe considerar asegurar el acceso a los grupos más vulnerables, lo que no necesariamente significa acceso individual. Significa dar acceso a las diversas comunidades, lo cual en sí mismo significa un reto importante. Podemos a este respecto mencionar la experiencia del proyecto Galería Multimedia en Bolonia, Italia, que permite el acceso a Internet y en general a las tecnologías de información de manera pública. El centro cuenta con una biblioteca multimedia, un centro de capacitación en computación con 50 estaciones de trabajo a un precio muy accesible. En la India, aún en los estados más pobres, como Rajasthan, existen computadoras de acceso público conectadas con servicios gubernamentales, estatales y federales, en las que es posible inclusive obtener, por ejemplo, guías médicas de cuidado prenatal.
El uso racional y efectivo de las TI y TC puede generar grandes beneficios dentro de las organizaciones de nuestro país, como son: el desarrollo de nuevos tipos de aprendizaje y educación, mejorar la comunicación entre el Estado y su población, nuevas formas de comercio, mayores oportunidades para el intercambio comercial, acceder a servicios de gobierno electrónico, generación de nuevos empleos e incremento de la infraestructura técnica, entre otros.
Ejemplos como los de China, Singapur, Malasia y la India, en donde las TI se están convirtiendo en un fuerte detonador del desarrollo, resultan alentadores.
Oportunidad de cerrar la brecha
Consideramos importante que la información al respecto se divulgue con mayor intensidad y que en todos los ámbitos del quehacer nacional se discuta alrededor de estas ideas.
Es importante mencionar que desde nuestra perspectiva las TI y TC no son por sí mismas el único factor que implica lograr un mayor desarrollo en nuestro país y esto debe ser considerado cuando se diseñan estrategias y políticas de TI y TC, pero coincidimos en que tenemos en ellas una gran oportunidad para reducir la brecha que nos separa de los países desarrollados. Es muy importante crear estrategias que permitan el acceso de todos los sectores de la sociedad a las nuevas Tecnologías de Información.
Finalmente, podemos afirmar que las TI y TC son factores reales de cambio, sin embargo, es muy importante mencionar que aquellos que tienen la facultad de tomar decisiones desde todos los ámbitos de nuestra sociedad tienen la oportunidad de crear estrategias y políticas para ellas, y las mejores condiciones para su uso y aprovechamiento.
El riesgo de no invertir en TI y TC y acercar estas tecnologías a todos los sectores de nuestra sociedad significará agregar un ingrediente más a las condiciones de subdesarrollo de nuestro país. Significa dejar en manos del mercado nuestra participación activa dentro de esta sociedad del conocimiento, significa por tanto quitarnos la posibilidad de aprovechar estas nuevas tecnologías como una forma de acercar el desarrollo, en conclusión, una nueva forma de exclusión
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